domingo, 26 de enero de 2014

Dermatitis Atópica



Es una enfermedad inflamatoria y pruriginosa (que causa picor) de la piel, es de carácter crónico y se caracteriza por ser recidivante, es decir, por múltiple exacerbaciones y remisiones en respuesta a diversos factores. Impacta en la calidad de vida de las personas (alteraciones del sueño, estrés, absentismo, bajo rendimiento).

Generalmente se presenta en la infancia (solo en un 2% de los pacientes se desarrolla después de los 20 años). No se ve influenciada por el género ni la raza.

Características
Las lesiones en la piel no son únicas ni uniformes; su principal criterio es el prurito, que sea crónica y recidivante.

  • Dermatitis atópica aguda: las pápulas (ronchas) son eritematosas y muy pruriginosas, pueden observarse lesiones.
  • Dermatitis atópica subaguda: las pápulas continuan siendo eritematosas (inflamadas y enrojecidas) e irritadas.
  • Dermatitis atópica crónica: la piel esta engrosada con pliegues acentuados, normalmente seca.


En la infancia la dermatitis atópica afecta comúnmente el rostro, cuero cabelludo, extremidades. Por otra parte, en personas mayores se observa en pliegues y, en ocasiones, párpados.

¿Alguna complicación?
El principal inconveniente siempre serán las infecciones, por un aumento de susceptibilidad por una variedad de organismos. Pueden ocurrir infecciones virales (como el herpes), fúngicas (hongos) y bacterianas.

En segundo lugar, podría observarse dermatitis en las manos (que tiende a agravarse al contacto con el agua) y los problemas oculares (que se asocia a la dermatitis en párpados). En el caso de las complicaciones oculares, el prurito intenso puede asociarse a la exposición a irritantes, luz o sudor.

En adición a lo anterior, el aspecto psicológico también se ve influenciado en la dermatitis atópica. En general, la picazón permanente desencadena altos niveles de ansiedad y problemas de control de ira y agresividad. Sin mencionar que en casos severos pueden desarrollarse problemas de autoestima y en las relaciones sociales.

¿Hay desencadenantes?
Se ha demostrado que algunos alergenos alimentarios podrían causar exacerbaciones de los síntomas en la dermatitis atópica. Los siete alimentos más asociados son: leche, huevos, maní, soya, trigo, pescados y nueces.

Adicionalmente, se ha estudiado que la exposición a polvo doméstico (ácaros) podría causar exacerbaciones de la enfermedad. El contacto directo con los aeroalérgenos podría desencadenar erupciones en la piel; de allí que las medidas de control ambiental se tornen tan relevantes.

Finalmente, los microbios (principalmente Sthapylococcus aureus) producen toxinas que actúan como superantígenos, es decir, aumentan la producción de anticuerpos específicos a cierto alergeno, lo que podría contribuir a la inflamación y exacerbación de los síntomas de la dermatitis atópica.

Tratamiento
Al igual que en la rinitis alérgica, una de las aristas más trascendentales en el tratamiento de la dermatitis atópica es la Educación.

La educación incluye la identificación de los factores desencadenantes y su eliminación de ser posible; esto incluye:

  • Irritantes: incluyendo detergentes, jabones y productos químicos. Lo ideal es el uso de limpiadores con mínima actividad desengrasante y pH neutro. Evitar temperatura ambiente productora de sudor. Utilizar bloqueador solar para evitar quemaduras.
  • Alergenos: como ya se mencionó anteriormente, controlar los alimentos. En el caso de la alergia a los ácaros, se sugiere el uso de fundas anti-polvo.


Otra arista importante en el tratamiento es la Hidratación. En la dermatitis atópica, la pérdida de agua se encuentra aumentada; de allí que se recomiende el baño diario para reestablecer la hidratación de la piel y limpiar de los alergenos de la superficie (durante 15-20 minutos en agua templada). En las zonas afectadas se tolera mejor el uso de compresas humedecidas. Se debe considerar que durante los brotes de la enfermedad, estos procedimientos deberían realizarse más de dos veces al día. Junto a lo anterior es importante recordar la aplicación rutinaria de cremas hidratantes y emolientes (medicamento de uso externo que desinflama, suaviza y protege la piel), que ayudan a restablecer la función de barrera de la piel.

En el caso de los Corticoesteroides tópicos, estos son catalogados como el principal tratamiento, pues reducen la inflamación, prurito y son útiles en todas las fases de la enfermedad. Como el uso del medicamento depende de la severidad y distribución de las lesiones (hay algunos que no pueden usarse en el rostro, por ejemplo) es recomendable acudir a un médico.



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